Una costa verde más verde en Lima, es posible. (Artículo publicado en la revista Etiqueta Verde)

Ni conservacionismo ingenuo, ni libre explotación descontrolada de los recursos. Es necesario diseñar una estrategia metropolitana sostenible en el tiempo, con incorporación de fuentes de energía renovables (como la eólica, o la maremotriz) que nos ayuden a rediseñar y proteger el litoral limeño. ¿Por qué no aprovechar las corrientes de aire y situar aerogeneradores en los espigones más expuestos al viento? ¿O por qué no aprovechar la inmensa energía de las olas del pacífico para iluminar toda la costa? Y el agua de la neblina, ¿por qué no condensarla y utilizarla para riego? Depuración y ahorro de agua, reducción de la contaminación acústica, organización del tráfico…  ¡Acción!

Un planeamiento paisajístico integral

Ser capital de un país y tener costa, es un privilegio geográfico del que gozan pocas ciudades en el mundo. Lima es una de ellas, y sin embargo, todavía hoy sigue viviendo prácticamente de espaldas al océano. En los últimos años se han redactado planes de ordenamiento para la Costa verde, y numerosos urbanistas, arquitectos, paisajistas han hecho grandes esfuerzos por imaginar una costa verde distinta. Se han propuesto diversos proyectos de actuación,  talleres entre universidades, …  ¿Es entonces justificable ese sentimiento generalizado y catastrofista de que no se está haciendo nada y de que la costa verde no tiene arreglo?

La costa verde discurre a lo largo de varios distritos (San Miguel, Magdalena, Miraflores, Chorrillos…) y en cada uno de ellos las realidades sociales, económicas y normativas son distintas, pero la unidad paisajística es la misma. El paisaje no entiende de límites distritales; las corrientes marinas tienen sus propias leyes, los vientos, la flora y fauna que lo habitan también se regulan con independencia de las fronteras. Para poder dar una respuesta urbana coherente a este borde de la ciudad, el Plan Maestro debería ser una herramienta de planeamiento independiente que estuviera por encima de los distritos y que tratara el acantilado como la unidad paisajística q realmente es.

Una unidad paisajística en la que existen diversos acontecimientos naturales y situaciones urbanas que podríamos estudiar, catalogar y legislar. Niveles de protección y de actuación que deberían basarse en las oportunidades que existen de desarrollo. Si se ha realizado un plan para regular esta costa, debería ser un plan completamente transparente y accesible, tanto para los ciudadanos como para los inversionistas. A sus ciudadanos para darles la oportunidad de elegir el tipo de ciudad en el que quieren vivir y para que se la crean; a los inversionistas para alentarlos en su iniciativa, pero marcando unas pautas urbanísticas claras a respetar.

Sería maravilloso poder consultarlo vía web y así poder entender qué actuaciones se están realizando, cuáles están paradas, qué oportunidades existen de negocio, qué oportunidades existen, cuales los peligros…

Para poder entender La costa verde, deberíamos ser capaces de analizar sus identidades paisajísticas de una forma ordenada. Solo tenemos que observar y analizar el acantilado con una metodología ambiental: planos topográficos ( y secciones topográficas para clasificar las transiciones por niveles de continuidad), planos de vientos (para ver cómo influyen en la vegetación de las laderas y en la sensación térmica de las playas), planos de flora y fauna (, especies autóctonas, especies en peligro), planos de calidad de las playas y tipos de sedimentación, planos de vertido de residuos urbanos, proyectos de depuradoras, planos de transporte privado y transporte público, planos de usos existentes….

Un estudio de impacto ambiental debería ser una herramienta de análisis previo a la formalización de un plan urbano y no posterior a este. Antes de proponer nada deberíamos entender mejor cómo funciona el ecosistema de la Costa Verde. Y a partir de aquí poder uniformizar situaciones y legislar conjuntamente y poder entrar a otro nivel de planeamiento urbano propositivo: infraestructuras de transporte, plan de abastecimiento energético, grados de protección del acantilado, alineaciones, alturas permitidas, usos permitidos…

Por ejemplo, podríamos deducir que las bajadas de Armendariz o de Balta pertenecerían a la misma tipología paisajística y con oportunidades de desarrollo urbano de mayor densidad por la pendiente más suave. Por ello el nivel de protección asignado a estas zonas sería muy distinto al de aquellos acantilados más escarpados en los que si dejamos que se construya destruiríamos completamente el perfil natural del terreno. Los espigones serían otra tipología de “accidente paisajístico” que deberían también tener su propio nivel de protección, compatible con la incorporación de centrales eólicas y/o maremotrices.  Otras tipologías serían las playas de arena, las de piedra, las plataformas a nivel del mar o ensanchamientos  de sedimentos…

Los concursos públicos

Con un plan metropolitano de base, entonces se podrían sacar a concurso público cada una de estas zonas ya catalogadas y poder desarrollarse de una forma sostenible y coherente. La iniciativa privada y la inversión privada son necesarias, pero dirigidas desde un poder público integrador y que vele por el bien común. Las oportunidades de negocio en la costa verde son inmensas y por ello mismo tenemos que poder identificarlas y organizarlas para q sean sostenibles en el tiempo y sirvan a aumentar la calidad de vida de la ciudad. Si se agotan rápidamente y solo sirven para el enriquecimiento rápido de unos pocos, perderemos riqueza a largo plazo, como hemos perdido en zonas del litoral Mediterráneo español que sufrieron el desarrollismo de los años 60.

Perú tiene la suerte de estar desarrollándose en un momento en el q están en crisis económica e ideológica la gran parte de las potencias mundiales que vivieron su boom inmobiliario hace años. Y digo es una suerte, porque tiene la oportunidad de aprender de los errores pasados y no cometer los mismos para construir un futuro realmente sostenible.

 

Algunas ideas: aproximación en 3 escalas

Escala1: plan metropolitano y paisajístico.

¿Y si la carretera de la Costa Verde discurriera semienterrada? Podríamos extender las laderas verdes existentes hasta tocar el mar, generando pasos naturales sobre la carretera y así crear un borde vial más poroso. En las plataformas de sedimentos podríamos construir equipamientos y zonas comerciales (2 alturas max.) con cubiertas verdes y acceso directo a la playa. Los caminos peatonales y ciclovías conectarían la plataforma con los Malecones, y en las bajadas la densidad edificatoria podría ser mayor siempre y cuando se adaptara a la topografía.

¿Y si los caminos se situaran en las zonas protegidas de los vientos?

¿Y si las protecciones ante derrumbamientos sirvieran también para captar agua de la bruma en aquellas situaciones más expuestas a los vientos húmedos?

Los usos deberían servir de conectores para garantizar la seguridad del usuario pero sin llegar a destruir el acantilado. La plataforma inferior podría albergar usos relacionados con deportes, comercio y restauración. Y todo ello conectado por caminos con pequeños puestos de comida y actividades que garantizan un flujo continuo de gente durante el día entre la parte alta y baja del acantilado.

Estoy segura que no soy la primera en desear bajar el acantilado andando o en bici sin tener que luchar con el tráfico.  Cuando uno va a ver el atardecer al parque del Amor o al Malecón Cisneros, se imagina lo maravilloso que seria poder bajar en bici hasta la Rosa Náutica o pasear sin el ruido del tráfico por una zona segura con equipamientos deportivos y con tiendas…

Estos caminos podrían ser algo más que caminos, podrían tener fuentes, kioskos, zona de bicis, bancos donde reclinarse, miradores.. Y todo ello unido por esa barandilla- protección de derrumbamientos q podría servir para recoger el agua de la bruna y regar las zonas de jardín circundantes.

Para terminar quisiera aclarar q este artículo es tan solo una reflexión de aquel q mira desde la distancia, con otra perspectiva, por venir de otros mares y residir en estos desde hace poco tiempo. Pero con la esperanza y la ilusión de poder contribuir a crear un imaginario de una costa Verde más verde y con mayor calidad de vida.